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miércoles, 5 de enero de 2011

EL GUSTO POR LO EFÍMERO, EL GUSTO POR LO ETERNO

¿Sabíais que en Japón los monumentos se derriban y se reconstruyen cada 30 años? Algo que para Occidente sería una aberración, y es que aquí nos gusta mantener las cosas antiguas tal y como estaban en el momento en que las construyeron.

¿Por qué esta mentalidad tan distinta?

En la arquitectura imperial japonesa, lo que se apreciaba de un edificio era que fuese efímero. Lo efímero, para los japoneses, y para Oriente en general, representa la máxima belleza. Los templos tradicionales y los palacios se construían enteramente de madera (incluso las zonas de "piedra" o "oro" no son más que forros decorativos) por el simple hecho de que al contemplar el edificio uno sanía que esa madera un día acabaría por pudrirse. La madera es efímera, y por eso es bella. Contemplaban el edificio como una flor, que cuando se abre tiene su máximo esplendor, pero precisamente por el hecho de saber que un día se marchitará. Ahí es dónde reside la "verdadera belleza" para los japoneses.

En Occidente todo eso ni se nos había pasado por la cabeza (hasta que Japón se puso de moda en la época del "japonismo", algo de lo que hablaré en futuras entradas). En nuestra mitad del mundo lo bello era lo que iba a ser eterno: los edificios monumentales se construían con materiales y con estructuras que garantizasen su eterna existencia, sin estropearse fácilmente, y caerse. Fijáos que aún los edificios del siglo XII siguen en pie! Se usaba piedra, mármol, ónix, y todo tipo de piedras, cada cual más dura.


templo japonés.

monumento alemán.


templo japonés. Aunque parezca mentira, es todo madera.


fijaos en dos diferencias entre los edificios monumentales japoneses y los occidentales:
1. Los colores: los edificios japoneses, al estar integrados en la naturaleza, se pintaban de colores muy vivos y llamativos. Los edificios europeos, más urbanitas, estaban en la ciudad, entre edificios, y sus colores eran los de todos los edificios: blanco, gris, o el color de la piedra o el mármol.
2. Vertical/horizontal: los edificios japoneses tienden a tener formas verticales, a menudo parecen torres. La escritura japonesa también era en vertical, y por eso sus poemas estaban escritos en vertical, los ukiyo-e eran super verticales, y el manga de hoy en día también tiene un formato muy vertical. En cambio, los monumentos europeos son de lo más horizontales, como nuestra escritura.

Dejando aparte este inciso, volvamos al tema.
El hecho de que los japoneses construyan edificaciones efímeras, comporta, obviamente, que se deterioren rápidamente. Así pues, cada 30 años los japoneses tiran un edificio, lo reconstruyen exactamente igual, y todo vuelve a ser efímeramente bello. Hasta que se vuelva a renovar. Por tanto, un templo o un castillo de la edad media puede haber estado reconstruido hasta 60 veces!

Nada que ver con Occidente, dónde todo se conserva tal y como fue, para poderlo ver hoy lo más fielmente posible. Llegamos hasta el punto de que, si un edificio se está cayendo, le ponemos cuatro palos, un ladrillo (de otro color distinto, para que se vea que eso es una reparación y no una piedra original) y así se queda.

Fijaos qué aspecto ofrecen los edificios de Kyoto:




parece que sean nuevos!

Ahora fijaos en el aspecto de los grandes monumentos europeos:




parece que se vayan a caer! Pero son los originales.


Yo, personalmente, me quedo con la mentalidad japonesa, creo que se aprovecha más un monumento y que luce más si se ve nuevo. Quizás no lo tiraría entero, lo arreglaría, lo pondría bonito, sin tirarlo.

¿Con qué forma de ver las cosas os quedáis? ¿Preferís lo efímero, o preferís lo eterno?